Uno de los casos más dolorosos que ha generado la fallida estrategia de guerra contra las drogas es la de aquellos padres y madres que mueren sin conocer la verdad de lo sucedido a sus hijas e hijos desaparecidos, ya sea por haber sido asesinados en su largo caminar por alcanzar la justicia o simplemente por el deterioro físico, mental y espiritual que genera la desaparición de un ser amado.

Como lo dice Pietro Ameglio, vivir la desaparición de un hijo o una hija es “una de las formas más sádicas y crueles de destruir a alguien”. En este cuarto número, la Revista Resiliencia recupera la memoria de dos padres que no alcanzaron a volver a besar y a abrazar a sus hijos.

A cinco años del asesinato de Nepomuceno Moreno Núñez, no olvidamos su reclamo de justicia frente al expresidente Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y el exgobernador de Sonora Guillermo Padrés Elías (hoy preso), ambos responsables por omisión de su asesinato pero ninguno de ellos juzgado por ello.

Además, en palabras de Eduardo Vázquez y Pietro Ameglio, recuperamos la memoria de Don Roberto Galván, otro padre que al igual que “Don Nepo”, murió por una enfermedad sin saber el paradero de su hijo Roberto Galván Llop, el ajedrecista.

Nepomuceno Moreno, asesinado por amar a su hijo, reclamar justicia y buscar la paz

El 28 de noviembre de 2011, Nepomuceno Moreno Nuñez, integrante del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD), fue asesinado en las calles de Reforma y Pesqueira de la colonia Centenario, en Hermosillo, Sonora. Nuestro compañero. Nepomuceno participó en el MPJD desde la marcha de Cuernavaca al Distrito Federal; se incorporó a la Caravana del Consuelo en la ciudad de Durango, que partió de Cuernavaca rumbo a Ciudad Juárez, Chiahuahua. Nepo o don Nepo, como cariñosamente le decíamos en el MPJD, llegó a la Plaza de Armas de Durango cargando, al lado de la fotografía de su hijo y de sus amigos desaparecidos junto con él, una pancarta en la que podía leerse: “Autoridades de Sonora: ¿Dónde están nuestros hijos?”. Asimismo, estuvo en toda la ruta de la Caravana del Sur.

 Como integrante del Movimiento don Nepo hizo público el caso de la desaparición forzada de su hijo Jorge Mario Moreno León que, según su testimonio, fue detenido el primero de julio de 2010 por policías del estado de Sonora cerca de Ciudad Obregón. También, ante las omisiones y colusiones del gobierno de Guillermo Padrés Elías (hoy preso) con el crimen organizado, señaló públicamente que “estaba resignado a pelear solito contra el gobierno de Sonora, ya ni me quieren recibir, se ríen de mí, antes iba al cuartel del Ejército para denunciar el secuestro de mi hijo; escribí cartas a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) y nadie me hacía caso; hasta que me uní al Movimiento por la Paz veo que las organizaciones sociales tienen el poder para sentar al presidente Calderón en una mesa de diálogo y que los procuradores de justicia están obligados a recibirnos para reabrir las investigaciones”.

Con esa valentía, que siempre lo caracterizó, levantó una campaña para demandar a Guillermo Padrés Elías (hoy preso), solicitando una audiencia para la presentación de su caso; denunció públicamente los constantes amenazas de muerte que había recibido y solicitó a las autoridades de la entidad medidas de protección.

Como era de esperarse de un gobierno criminal como el de Padrés, jamás fue recibido ni atendido en su solicitud de medidas cautelares.

Nuestro compañero asesinado nunca fue recibido por el gobernador ni su solicitud de protección atendida.

 Durante el segundo encuentro del MPJD con el Ejecutivo Federal en el Alcázar de Chapultepec, el 14 de octubre de 2011, Nepo le entregó en propia mano el caso de su hijo al entonces presidente Felipe Calderón y le solicitó las medidas de protección que el gobierno del estado de Sonora no le había dado. La respuesta del gobierno federal fue la misma: el desprecio. Casi un mes después, el 28 de noviembre, se le asesinaba cobardemente, como se asesina en este país tomado por el crimen. Al igual que muchos y muchas en nuestro país, Nepo fue asesinado por amar a su hijo, reclamar justicia y buscar la paz.

 Los responsables de su muerte fueron las autoridades federales y estatales que, al ignorar los señalamientos y las pruebas que responsabilizaban a funcionarios e integrantes de la delincuencia organizada en la desaparición de su hijo, permitieron que fuera asesinado. En primer lugar Guillermo Padrés Elías, al que no sólo debe acusársele de corrupción, sino de violaciones graves a derechos humanos. Qué responsabilidad tiene Padrés y los funcionarios encargados de la justicia de su gobierno en la desaparición de Jorge Mario Moreno León y de sus amigos, y en el artero asesinato de su padre Nepomuceno Moreno, es algo que exigimos sea esclarecido en el proceso que se le sigue al exgobernador de Sonora. No hacerlo sería contribuir al encubrimiento y a la injusticia. Padrés es un hombre corrupto, pero también y sobre todo un criminal que, como Javier Duarte, el exgobernador de Veracruz, es responsable de centenares de violaciones a los derechos humanos en su estado, violaciones por las que deben responder si queremos encontrar algún día la justicia y la paz. En segundo lugar, el responsable de ese crimen es Felipe Calderón que, prometiéndole en ese histórico diálogo que le proporcionaría las medidas cautelares que Nepo pedía, lo abandonó a su muerte.

 Después de su asesinato, su familia, al igual que otras muchas, volvió a confiar en el Gobierno Federal, en la Procuraduría General de la República, en la entonces Pro Víctima, en la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. Por desgracia han sido y continúan siendo traicionadas por estas mismas instituciones que siguen sin honrar su compromiso de proteger y atender integralmente a las víctimas.

A los familiares y amigos de don Nepo les manifestamos nuestro pesar porque a cinco años de su asesinato no han encontrado ni la verdad ni la justicia y les compartimos el cariño y admiración que le guardaremos siempre por su valor y dignidad. También destacamos la lucha que han emprendido junto con otras familias de personas desaparecidas a través del colectivo Red de Eslabones por los Derechos Humanos.

El asesinato de Nepomuceno se suma al de nuestro compañero Pedro Leyva, indígena defensor de los bosques de la comunidad de Ostula, Michoacán y a las desapariciones también de nuestros compañeros Eva Alarcón y Marcial Bautista, campesinos ecologístas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán.

 Al igual que Nepomuceno, en los últimos años más padres y madres han muerto sin saber la verdad de lo sucedido a sus hijos desaparecidos, como Roberto Galván, quien murío buscando a su hijo Roberto, ajedrecista con categoría de maestro nacional desaparecido por policías estatales de Nuevo León en 2011; y como Margarita Santizo, madre de Esteban Morales, policía federal desparecido en Michoacán en 2009; casos que, desgraciadamente, se seguirán multiplicando por la impunidad y la falta de investigación de los casos.

 Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad

Fotografía de Pepe Rivera


En memoria de Don Roberto

“Conocí a Roberto Galván en la Caravana del Consuelo mientras nos dirigíamos a Monterrey. Los escritores que viajábamos en los autobuses nos pusimos a trabajar con diferentes víctimas para recoger sus testimonios y ayudarles a preparar los textos donde narraban su particular tragedia y yo me acerqué a este hombre con lentes oscuros, sombrero y botas norteñas. Don Roberto buscaba a su hijo Roberto Galván Llop, un joven ajedrecista detenido y desaparecido por la policía de Nuevo León cuando se dirigía al estado de Morelos a un campeonato. Cuando llegamos a Monterrey tuvo acceso, gracias a la presión del MPJD a los dos folios que la procuraduría de justicia tenía sobre el caso de su hijo: menos que nada, ninguna investigación, ninguna diligencia, ningún respeto a la vida, el mismo denominador común en todos los casos de que fui testigo: impunidad, omisión, negligencia, complicidad.
Con la salud menguada tras años de búsqueda, tristeza y frustración muere hoy este caballero del norte, que a pesar del dolor que cargaba siempre cedía el paso a las mujeres y les ofrecía la mano al bajar y subir de los autobuses en que recorrimos la ruta hasta Ciudad Juárez. Siento mucho no poder volver a abrazarlo, perderme para siempre su valor, su amor de padre, su presencia de hombre en este país tan lleno de miserables.”

Eduardo Vázquez Marín

El ajedrecista se fue con toda dignidad, pero sin justicia

El 1 de noviembre de 2013, murió un gran hombre de Chihuahua, y mejor padre, luchador incansable por la verdad y la justicia: Roberto Galván, llamado “El Ajedrecista”, en memoria de su hijo. Buscó por casi tres años con enorme valor y entereza a su hijo desaparecido: Roberto Galván Llop. Leamos su caso –altamente ejemplificador de cómo es la actual guerra en México– a través de las propias palabras de don Roberto, en el texto que escribió para el primer Diálogo con el presidente Calderón (23 junio 2011):

“Mi Hijo Roberto, de profesión ajedrecista, maestro y campeón nacional, mundialista en su juventud, fue detenido por elementos de la Policía Estatal de Caminos de N. L., a bordo de 6 patrullas el día 25 de Enero de 2011, en la Cd. de Gral. Terán, atendiendo, al parecer, al llamado del Secretario del Ayuntamiento, quien solicitó detener a un joven que se encontraba sentado en una banca de la plaza pública, justo enfrente a la presidencia municipal, descansando pacíficamente, tomando el sol de la mañana, después de una noche en extremo fría. La Policía Estatal de Caminos reconoció haber detenido a mi hijo, dijeron que después de haberlo interrogado y haberse dado cuenta que no había cometido ningún delito, simplemente lo dejaron en libertad ese mismo día y según ellos, queriéndolo ayudar, lo llevaron casi hasta la Central de Autobuses de Montemorelos, NL, porque no llevaba sus zapatos. Observaciones al caso: 1) ¿Por qué la Policía Estatal de Caminos de NL, no registró esa detención?; 2) ¿Por qué las veces que hablé personalmente con el Agente del M.P. de Montemorelos me dijo que estaba investigando, pero que no tenía ninguna noticia para mí, cuando ya todo el pueblo sabía de esa detención?; 3) ¿Por qué el M.P. de Montemorelos dice que él no tiene conocimiento de lo que hace la Policía Estatal de Caminos?; 4) ¿Por qué no le permitieron a mi hijo hacer por lo menos una llamada telefónica, a la que tiene derecho todo detenido?; 5) ¿Por qué se llegó al extremo de dejar sin zapatos a mi hijo? Y… 6) ¿Qué le hicieron a mi hijo durante ese interrogatorio? Lo cierto es que a partir de que la Policía Estatal de Caminos de Nuevo León dice haberlo liberado, mi hijo se encuentra en calidad de desaparecido”.

Roberto Galván Llop es uno más de los 30 mil desaparecidos en los últimos 10 años en México, uno más de los casi igual número de ejemplos de impunidad y complicidad entre las fuerzas del estado y el crimen organizado. Como siempre ante situaciones límite de la vida, se hace necesario detenerse un momento, ejercer la “reversibilidad” y reflexionar acerca del estado de las cosas en ese tema, con el objetivo de practicar con mayor conocimiento el paso siguiente de esa lucha. ¿Qué nos deja esta muerte natural de un gran luchador social y la in-natural desaparición de su hijo?

Un hecho nos puede servir de punto de partida en esta reflexión. De los momentos más profundos que recuerdo del proceso de lucha del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad (MPJD) fue una conversación con Roberto Galván, Melchor Flores (el Vaquero Galáctico) y Nepomuceno Moreno (don Nepo) comiendo tacos, apenas acabado el 2º Diálogo con Calderón, el 14 de octubre del 2011. Eran un ejemplo más común de lo que se cree, pero que no ha sido tan difundido así por los medios, de tres padres llenos de amor por sus hijos varones –algo similar a la parábola evangélica del “hijo pródigo”–, luchadores incansables por la verdad y la justicia, llenos de realismo y humor para sobrellevar tanto dolor, y, ya a esta altura, con mínimas esperanzas en la acción gubernamental para lograr algo en sus casos, dispuestos a acciones noviolentas más radicales en el futuro. Don Nepo, quien allí comenzó a despedirse de nosotros, murió asesinado mes y medio después en Hermosillo el 28 de noviembre de 2011. Los hijos de estos tres grandes padres: Roberto Galván Llop, Melchor Flores Landa y Jorge Mario Moreno León, hasta el día de hoy no han aparecido.

El núcleo central del activismo social de los familiares de víctimas del MPJD tiene además a la fecha varios casos más de víctimas directas de asesinato o desaparición en estos años de lucha (sin que sean los únicos), todos ellos ejemplares luchadores sociales de sus comunidades: Pedro Leyva asesinado en la comunidad nahua de Ostula, Michoacán, el 6 de octubre de 2011; también en Ostula fue asesinado por paramilitares su líder Trinidad de la Cruz el 6 de diciembre en una Misión de Observación de DDHH del propio movimiento; ese mismo día fueron desaparecidos en Petatlán, Guerrero, Eva Alarcón y Marcial Bautista, líderes de los campesinos ecologistas; la comunidad purépecha de Cherán ha sumado también varios muertos (los más recientes fueron Urbano Macías y Guadalupe Gerónimo); Ismael Solorio y Manuela Solís, fundadores de El Barzón-Chihuahua, fueron asesinados el 22 de octubre del 2012. En ningún caso hasta el día de hoy se ha tenido el más mínimo avance de justicia y verdad, en todos se advirtió a la máxima autoridad lo que podía pasarles sin que se hiciera nada para protegerlos.

Además, el MPJD inició su lucha el 8 de mayo del 2011 con un documento denominado “Pacto por un México en paz con justicia y dignidad”, donde el primer y más importante punto exigía justicia y verdad en las muertes de la familia Reyes en Ciudad Juárez; de Marisela Escobedo y su hija Rubí en Chihuahua; de Susana Chávez en Chihuahua; de Bety Cariño y Jiri Jaakola en la zona Triqui de Oaxaca; de las niñas y niños de la guardería ABC en Hermosillo; de Erick y Benjamín Le Barón y Luis Widmar en Chihuahua; de los 16 jóvenes de Villas de Salvárcar en Cd. Juárez; y finalmente de los jóvenes de Morelos: Juan Francisco Sicilia, Luis Romero, Julio Romero, Gabriel Alejos, Álvaro Jaime y Socorro Estrada. De todos estos casos, sólo en el último ha habido un avance en el proceso de la verdad, aunque todavía no hay ningún sentenciado.

En la especie humana hay muchas formas de morir, lo sabemos bien. Tener un familiar o amigo desaparecido es una de las forma más sádicas y crueles de destruir a alguien, como bien sabían los que construyeran, con enorme perversidad y conocimiento de lo inhumano, la categoría del “desaparecido”, desde mediados del siglo pasado con los nazis, franceses y norteamericanos, luego emulados por la dictadura argentina y las otras del cono sur en los setenta. Como continuamente repiten los familiares de desaparecidos en México: “Ya no como”, “no duermo”, “todo el tiempo espero una llamada”…“dejé de vivir”. Dice bien el breve comunicado que el MPJD emitió tras la muerte de don Roberto: “el desgaste por la ineficiencia del estado para buscar a sus ciudadanos aunado al dolor indescriptible de no saber de su hijo, mermó la salud del gran caballero que era nuestro Roberto y lo llevó a la muerte”. Así fue. Murió de dolor en el alma y el cuerpo. Ya me lo había adelantado él mismo en la Estela de luz el 28 de noviembre del año pasado, en el 1er. aniversario de la muerte de don Nepo. Hizo realidad las palabras de su carta a su hijo al año de desaparecido: “No he de parar hasta encontrarte en esta o en esas otras vidas más”.

Hay un punto en común en todos estos asesinatos y desapariciones mencionadas: los familiares, periodistas y organizaciones de derechos humanos cercanas, investigando por su propia cuenta y corriendo un enorme riesgo, han logrado reconstruir el proceso de esas muertes o desapariciones, conocen los nombres, ocupaciones, redes, domicilios, etcétera, de los victimarios, y han hecho públicos esos datos, sin que las autoridades –en sus distintos niveles– hagan nada al respecto, lo que alienta el brutal clima de impunidad y complicidad que reina en el país.

Reivindicar la verdad, justicia y memoria de estos muertos y desaparecidos directamente ligados al MPJD, es la frontera moral, el piso mínimo, que el movimiento tiene en su camino de lucha. Ese es realmente el nombre verdadero de la Paz para el movimiento. Desde los inicios se hizo hincapié en que junto a la justicia para las víctimas era indispensable cambiar el modelo de la “paz armada”, de la guerra en la seguridad pública, por uno donde la paz estuviera asociada a la justicia, a la dignidad y a un modelo económico que no despojara y explotara a los más pobres. La gran trampa es asociar la idea de paz con la de seguridad, término militar, por lo que entonces se convierten en un eje central de este gran negocio de la violencia la siembra de la inseguridad y el aterrorizamiento ciudadano.

En el México actual urge hablar menos de paz, y mucho más de justicia. Basta de simulaciones, globos blancos, palabras huecas, adulación al poder mientras vemos la colusión entre autoridades, crimen organizado y empresarios; basta de militarizar nuestra vida civil llenándonos de fuerzas con armas y cuarteles; basta de despojar a las comunidades y colonias de sus territorios; “Estamos hasta la madre de tantas fregadas mentiras, violencia e impunidad” diría don Roberto.

Pietro Ameglio