San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, 16 de noviembre de 2016

Hermanas y hermanos aquí presentes en la Plaza de la Paz, Hermanas y hermanos que nos escucharán en las comunidades rurales y urbanas de Guatemala y México, y en otras partes del mundo,

En el 2015, las organizaciones de Guatemala y México que somos parte de la Mesa Transfronteriza Migraciones y Género, soñamos y nos propusimos convocar a un gran diálogo que nos permitiera mirarnos y pensarnos como parte de un territorio común: la región transfronteriza de Guatemala y México. Este diálogo abierto, encuentro plural, mirada atenta y crítica de lo que nos pasa, lo que nos duele, lo que queremos que nos pase, lo llamamos “Misión Internacional de Observación de los Derechos Humanos en la Frontera Guatemala-México”.

La tarde de hoy, 16 de noviembre de 2016, presenciamos el cierre de un momento fundamental de la Misión, los encuentros realizados durante seis días a lo largo de dos rutas por los territorios de nuestra región transfronteriza. Sin embargo, nuestra Misión no inició apenas hace unos días en la Ciudad de Guatemala, sino que trabajamos muchos meses en su preparación. Fue el primer momento de la Misión o Pre-Misión, que mediante 10 foros regionales de vinculación y dos encuentros nacionales, nos permitió reunirnos a muchas y muchos hermanos que somos parte de colectivos, organizaciones y movimientos en defensa de los territorios y los derechos humanos de las mujeres y los migrantes. Con la Pre-Misión pudimos reconocer nuestras principales preocupaciones comunes, lo que queríamos dialogar y visibilizar con las hermanas y hermanos observadores nacionales e internacionales.

Miramos juventudes de pueblos mayas, campesinos y en medios urbanos, sin opciones educativas y de trabajo que les permitan sustentar a sus familias, amenazados constantemente por el crimen organizado, la desinformación y la desesperanza. Miramos las muchas violencias que lastiman y matan a niñas y mujeres, que son normalizadas y convertidas en costumbre. Mujeres indígenas y migrantes, excluidas, que sobreviven o bajomueren en la discriminación y la explotación laboral y sexual. Miramos comunidades desinformadas, manipuladas por los medios de comunicación oficial y comercial, que son despojadas de sus derechos, de sus territorios y sus medios de vida; despojadas de su condición de ciudadanía y de su condición humana por la imposición de proyectos de muerte. Nuestros pueblos y comunidades enfrentan la militarización, criminalización y desaparición forzada como políticas de los Estados mexicano y guatemalteco, países que son desgobernados por políticos corrompidos y arrodillados ante las corporaciones transnacionales y sus mega-proyectos, que devoran y devastan bienes naturales y comunidades humanas. La Pre-Misión permitió preparar nuestros corazones y pensamientos para el encuentro -muchos encuentros- de resistencias y luchas por la vida, que hoy concluimos aquí en la Plaza de la Paz.

La etapa de la Misión, del 10 al 16 de noviembre, ha sido un tiempo y un espacio para reconocer y reconocernos como sujetos-actores en los territorios, para dar y darnos la palabra, para expresar y expresarnos como pasado, presente y futuro de esta región común. La Misión son los muchos lugares de encuentro a lo largo de dos rutas, para compartir nuestras historias, nuestras luchas, los testimonio vivos de la dignidad, nuestras memorias, los relatos de la violación de los derechos humanos y la impunidad que quiere perpetuarlo. La Misión, más que observación crítica y atenta, es el tacto en las geografías del dolor y la esperanza, es mirarnos cara a cara, darnos la palabra en la escucha, es bienvenida, es sorpresa, es indignación y coraje, es imaginación de eso que queremos ser y de lo que queremos que sea esta frontera. La Misión es sólo eso, vivenciar la Defensa de la Vida, de los Territorios y los Derechos de las Mujeres y los Migrantes, es situarse al lado de personas refugiadas, desplazadas internas, familiares de migrantes desaparecidos, presos políticos, activistas sociales criminalizados y perseguidos, mujeres y hombres organizados, esperanzados y movilizados como defensoras y defensores.

La Misión reconoció las muchas formas de la violencia estructural y sistémica que producen desplazamientos forzados, pero que también pueden paralizarnos y despojarnos de los sueños. Reconocer esas violencias que institucionalizan los estados; las violencias fácticas de las corporaciones transnacionales y del crimen organizado que permiten la concentración del capital; las violencias sociales que normalizamos en nuestras vidas diarias. La Misión nos permitió sentir el dolor de la Madre Tierra, pulsar territorios devastados o bajo el asedio de minas, hidroeléctricas, grandes obras de infraestructura, palma africana, transgénicos y agroquímicos que envenenan el aire, el agua y la tierra. Pero sobre todo, nos permitió sabernos y reconocernos como artesanas y artesanos de las utopías, ingenieras de proyectos de vida, mujeres y hombres que cultivan formas creativas de reconciliación y articulación para la unidad de los pueblos, formas que están fundadas en los principios y valores antiguos del bien común, herencia de nuestras abuelas y abuelos mayas, patrimonio vivo y fuerza vital de nuestras comunidades.

La Misión fue, la Misión ha sido, la Misión será a partir de hoy, 16 de noviembre de 2016, amplificación y eco de la palabras de las mujeres y hombres que defienden la vida, los territorios y los derechos humanos. Nos situamos y nos soñamos ahora en la Post-Misión. Queremos que este esfuerzo y convergencia de luchas se convierta en tejido multicolor, en red de los pueblos y comunidades transfronterizas de Guatemala y México para construir poco a poco una visión crítica, multifacética y comprometida de la realidad, una propuesta mesoamericana capaz de incluir las luchas de Centroamérica y del sur y sureste de México. Queremos construir un Observatorio Social de los Derechos Humanos, que sea herramienta de vinculación, organización y diálogo de los pueblos y comunidades; instrumento para documentar, visibilizar y denunciar los casos de violaciones a los derechos humanos que se cometen en esta región, pero también, para diseminar y multiplicar las causas que nos hermanan en la defensa de los territorios, los géneros y las migraciones.

Trabajaremos desde la Mesa Transfronteriza, con las organizaciones hermanas de Guatemala y México, con las observadoras y observadores nacionales e internacionales que nos acompañan, para que la palabra de los pueblos y comunidades, de las niñas y mujeres, y de las personas migrantes y sus familias, sea escuchada y respetada; para que los gobiernos y dueños del dinero con sus medios de comunicación no desinformen a las comunidades ni manipulen la opinión pública. Trabajaremos juntas y juntos para generar conciencia, solidaridad y movilización de nuestras sociedades por las causas de la defensa del territorio, las niñas y mujeres, las personas desplazadas internas, refugiadas y migrantes forzadas.

Muchas gracias a todas y todos los que están aquí presentes; muchas gracias a todos los grupos y comités, organizaciones, comunidades y personas que apoyaron esta Misión-Encuentros. Muchas gracias a las compañeras y compañeros observadores que dejaron sus lugares, sus familias y actividades cotidianas para andarse en los caminos transfronterizos; muchas gracias a los artistas del pueblo que alegran esta tarde y nos recuerda que la lucha también es fiesta y celebración.

¡Que vivan los pueblos hermanos de Guatemala y México!

¡Que viva la Mesa Transfronteriza Migraciones y Género!

¡Que viva la Misión Internacional!

¡Que vivan las organizaciones y movimientos sociales!

¡Que vivan las defensoras y defensores de derechos humanos!