Por Tranquilina Hernández.

 

Escucha la llamada,

únete al grito de los cansados(…)

Que el miedo cambie de bando,

Que no se olviden de tu alegría.

Que la tristeza si es compartida

Se vuelve rabia que cambia vidas…”

Ismael Serrano

Soy Tranquilina, una mujer que ha criado a sus dos hijas sola, Mireya y Ángeles, digamos que no he sido afortunada en el amor pero jamás me he rendido. He sacado a mis hijas adelante trabajando de todo, soy una mil usos y sí, una mujer alegre… bueno era una mujer alegre, aunque ahora ya no lo considero tanto. Soy luchona, luchona de la vida, mi enfoque son ellas, mis hijas, sacarlas adelante como sea.

Pertenezco al Colectivo de la Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas, el cuál se formó porque las autoridades no buscaban a nuestras familias, si no las buscan en vida mucho menos en muerte, y hay muchísimas, muchísimas fosas y muchos desaparecidos que pueden estar ahí. Habría muchas familias que podrían descansar al fin, si nosotros lográramos abrir todas esas fosas y darles un apellido a esas personas, por eso se formó el colectivo, por la desesperación de las familias, nació de la impunidad, rabia y coraje, porque tuvimos que armarnos de valor y de fuerza para hacerlo nosotras mismas con nuestras propias manos, con nuestros propios medios.

Yo me sumé al colectivo después de estar buscando a las autoridades y no encontrar ninguna respuesta, puras promesas, puras citas fallidas, te citan pero no te atienden, te tienen horas esperando ahí. Entonces lo que hice fue unirme a más familias que están en la misma situación, me encontré con Angélica, la mamá de Viridiana, y otras mamás y nos fuimos a la Ciudad de México, metimos denuncias y ahí conocimos al señor Juan Carlos Trujillo y a su mamá María Herrera, ellos son enlaces nacionales y nos unimos a ellos. Gracias a esas personas he llegado a la brigada y a conocer otros colectivos como Voces Unidas, Familiares en Búsqueda Oaxaca e infinidad de personas que estamos viviendo esta realidad, que tenemos un familiar desaparecido y debemos buscarlos.

En los ojos de Mireya cabía el mundo

Mireya tenía 18 años el día que desapareció, este diciembre va a cumplir 21; era una niña emprendedora, feliz, se reía a carcajadas, llena de vida, con ilusiones, llevaba casi dos años con su novio, yo la veía normal. Ella se decepcionó del CONALEP porque quería estudiar protección civil, en el primer semestre le dijeron que podía cambiar de carrera cuando pasará al segundo, pero cuando pasó, le dieron largas y al no poder se desanimó y me dijo “no mamá ya no quiero, porque yo quería estudiar esa carrera y me mintieron” y le dije “mira hija ya tienes 18 ya puedes hacer tú las cosas, pero no te me vas a quedar aquí de nini, date de baja y búscate un empleo de medio tiempo, estudia un curso de estilista, pero no te me quedes aquí”, en eso estaba mi niña, consiguiendo empleo y bueno, ya no lo logró.

El día que desapareció, yo lo supe desde el primer minuto, desde la primer llamada que no contestó.

Es difícil hablar de esto porque yo sé quién me puede dar razón de mi hija y se los he dicho a las autoridades pero ellos no quieren hacer las cosas, igual y es fuerte y hay consecuencias, pero yo siento que ellos están comprados, las autoridades de Morelos están compradas por la familia que se llevó a mi hija, porque si ellos hicieran bien su trabajo, ella no llevaría tanto tiempo desaparecida. Mireya desapareció de mi domicilio, de mi calle, el sábado 13 de septiembre de 2014; se levantó como a las 10 de la mañana, andaba greñuda, era desaliñada, desarreglada y muy light, se levantó se tomó un café, estuvo sentada en la sala y al poco rato llegó su novio. Esa es la última imagen que tengo de ella, Mireya saliendo de casa de mano de su novio ese sábado al mediodía.

Mireya Montiel Hernández

A las 12:00 del día llegó su novio, le ayudó a lavar los trastes y le dijo que iba a ir con su abuelita, que vive en la misma calle como a cinco casas, yo lo que le dije a mi Mireya fue “no te tardes porque tienes que llevar a tu hermana al catecismo”.

Le llamé 30 minutos después, ya se había tardado, pues solo iban a dejar una lista de útiles, de libros, porque su novio estaba estudiando para abogado penalista, empecé a marcar al celular y solo buzón, algo estaba mal, comencé a inquietarme.

A la 1:00 pensé “tranquila, Tranquilina, esta con su novio, ya no debe tardar”. Para la 1:30 decidí que mejor iría yo a dejar a los chicos al catecismo, me calmé pensando que andaba con él desde hace dos años, yo le tenía mucha confianza a este chamaco; me arreglé y me dispuse a llevar a mi hijas y sobrinas al catecismo.

Diez minutos más tarde, en la calle me encontré a esta persona, su novio, sentado en la banqueta y le pregunte por Mireya -¿y Mireya dónde está?, le estoy marcando y no me contesta-, -es que no sé- me contestó el, -cuando llegamos a la casa de mi abuelita, Mireya no quiso entrar porque estaba mi mamá y ella no quería hacer coraje-, frente a la casa de la abuelita hay un nicho de una virgen y él me dice, señalándola -ahí la deje sentada, no me tardé ni cinco minutos y cuando yo salí, Mireya ya no estaba-, -¿y bueno por qué no me avisaste inmediatamente?- le pregunté ya preocupada, al responder hizo una mueca que aún no sé si era de sarcasmo o burla –sí, si fui a tu casa pero tus sobrinos me dijeron que me largara, por eso ya no te avisé-.Pero eso fue una mentira porque yo estaba en el patio en el transcurso de las doce y media a la una, en una hora pasó todo y si fue a la casa como dice, ¿por qué no pidió hablar con un adulto? porque mis sobrinos tenían en ese momento seis años, siete y ocho años.

Quise quedarme tranquila, pensé que tal vez había ido a ver a su abuelita, que vive más abajito de la casa del novio, en la misma calle. Un día antes, su abuelita por parte de su papá la había ido a buscar, y pensé que tal vez había ido a verla. A pesar de eso ninguna idea me tranquilizaba, Mireya me hubiera avisado que iba a verla; no podía estar tranquila, una incertidumbre crecía dentro de mí.

-Márcale a su celular, yo le voy a seguir marcando también, voy a dejar a los niños y vengo-, le dije al novio, me fui y marqué repetidas veces pero nunca contestó, cuando yo regresé, él estaba en una caseta telefónica de la misma calle llamando por teléfono y lo acompañaba otro muchacho -¿qué estás haciendo? ¿a quién llamas?– me dijo que a su papá y al cuestionarle para qué, me respondió -para que me ayude a buscar a Mireya, ya viene para acá-, le respondo y le insisto -oye, no me contesta Mireya el celular ¿ya te contestó a ti?-, me dijo que no y se hizo el sorprendido, de pronto me dice, -ah es que no trae su celular, trae el mío-. A partir de ahí comencé a marcarle a ambos números pero se iba directo al buzón, sonaba pero no contestaba, le pregunté una vez más por el muchacho, él sólo respondió que era un amigo que lo estaba ayudando a buscarla, yo me seguí y le dije síguele marcando, yo hago lo mismo ya no pasé a mi casa.

Después de no saber nada y de tantas llamadas sin atender, a las 2 de la tarde hice la llamada para reportar la desaparición de mi hija pero me dijeron que era muy pronto, tenía que esperar 72 horas, yo ya sabía que estaba desaparecida, algo me lo decía, de pronto me vi sola buscándola, así que decidí buscar al papá de Mireya del que estaba separada desde hace varios años, él vive en villa de Santiago, me fui a verlo.

Mi familia no reaccionaba y yo parecía una loca pues apenas habían pasado dos horas sin saber de ella, me fui a ver al papá de Mireya, le conté qué y cómo había pasado e hice una pausa para llamar a mi hermana, le pedí de favor que estuviera checando qué pasaba, qué decían, etcétera. Le marqué a mi hermana para ver si tenía algo nuevo

Mi hermana me dijo que había ido a casa del novio, se encontró con él, sus papás y su tío. Al preguntarles si tenían noticias de Mireya, el papá se levantó abruptamente diciendo –¿cómo?, ¿qué paso, cómo que desapareció la muchachita?– él si quería a mi hija, se llevaban muy bien.

Después de esto, yo me confundí pues momentos antes le había preguntado al novio cuando lo vi en la caseta de teléfono a quién llamaba, y me respondió que a su papá para que la ayudara a buscarla en su taxi. Y resulta que su papá no sabía nada, y en ese momento el papá y el novio salieron a buscarla a los alrededores, mientras yo seguía con el papá de mi hija, de ahí decidimos irnos a la fiscalía, yo seguía marcando y marcando al teléfono que me dijo el novio que ella traía, pero nada, sólo sonaba, y a buzón, a las seis de la tarde de plano dejó de sonar.En la fiscalía se tardaron poco más de dos horas para recibirnos, cuando al fin pasamos, lo primero que hicieron fue regañarme, preguntando ¿y trae fotos señora, ya la busco en la morgue, en los hospitales, en los separos? Total que me regresé a mi casa por fotos, y recorrí hospitales, morgue, separos, etcétera.

A la 1:00 de la madrugada por fin levantaron la denuncia.

Fueron muchas horas de angustia, cuando mi instinto de mamá ya sabía que algo estaba mal desde la media hora que ya no respondió el celular, aunque yo confiaba en su novio, por eso la deje ir, tenían ya dos años juntos, él iba a la casa, conocía a su familia, mi instinto de mamá me dijo que no le diera la espalda a él que lo mantuviera cerca, porque él se la llevó de la casa, mi hija no puede desaparecer así nada más de una privada. Hubo un momento que incluso pensaba que quizás Mireya estaba jugando, que me quería asustar, pero ella y yo nos llevábamos muy bien.

Ahora conforme han pasado los días, los meses y los años, me voy encontrando declaraciones de la familia de su novio, dónde aseguran que me han visto con mi pareja y mis dos hijas paseando ¿por qué dirían eso?, ¿por qué lastimarnos aún más? De esa familia salieron versiones de que yo vendía a mi hija casi casi por dinero, es algo que aun no entiendo, si ellos no tuvieron nada que ver porque me señalan.

Mi familia, me pregunta qué estoy haciendo, dónde me estoy metiendo, me dice que me van a matar o desaparecer, yo pienso que ya no me importa, yo lo que quiero es encontrarla.

Más allá del dolor de no saber dónde está Mireya, me he encontrado con comentarios como, “ah es que ella tenía amigas lesbianas”, “es que Mireya no quiere a su mamá, la odia” yo pienso que no me importa que me odie, quiero que la encuentren, tenerla frente a mí y si eso es verdad, que sé que no lo es, me lo diga.

Yo no he parado, cada tanto le llamaba al novio de Mireya para preguntarle, si sabía algo, si había escuchado algo, y de pronto me encuentro un día citada en la procuraduría porque el muchacho me puso una denuncia de acoso y por amenazas, me presenté y declaré, no tengo idea porque estoy aquí yo nunca he agredido al muchacho, lo que si hago es llamarle para preguntarle si sabe algo.

Dos años tres meses de ausencia, de buscarla fieramente.

Así han pasado dos años, tres meses hasta este momento, y sigo reconstruyendo en mi cabeza, qué paso, quién se la llevo y por qué; si alguien sabe algo ¿por qué no quieren decirme?, ¿por qué robarme la paz doblemente con la ausencia de Mireya y con la incertidumbre de no saber dónde está?Vivo cada día con el dolor, con la ausencia, con la incertidumbre, con el coraje. He descubierto varias cosas a partir de que pedí una copia de la carpeta de investigación. Siento que es una burla por parte de las autoridades, nada más llenan hojas y hojas y hojas y nada que investigan, es una carpeta llena de basura, de mentiras, mientras tanto a mi hija se la tragó la tierra.

A veces siento que las autoridades le apuestan a que no hagas nada, que te quedes con los brazos cruzados. Hace más de ocho meses que nadie está buscando a mi hija por parte de las autoridades, nadie salvo yo.

Las familias hemos decidido salir a buscar a nuestros familiares, estén ahí nuestros hijos o no vamos a seguir rascando la tierra hasta sacarlos a todos, porque hemos adoptado a todos las y los desaparecidos, nuestro lema es que los desaparecidos son de todos, para el gobierno nuestras familias son menos que basura, son números, son papeles, para nosotros son la vida misma.

Aprendí a organizar mi rabia, mi desesperanza, mi único deseo es encontrarla. Así llegue a las Fosas de Tetelcingo.

Aprendí a buscar, a hablar del tema, me duele en el alma cada vez que lo cuento, pero, si yo no cuento la historia de Mireya ¿quién?.

Mireya y Tranquilina

Conocí y me sume a la lucha de la familia de Oliver, acompañada de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos nos fuimos metiendo para que se abrieran los casos, el de mi hija sí sirvió, porque vaya, al fin me dieron un derecho, hasta que vi un derecho para mí, que era mi derecho a participar, mi derecho a decirle al Estado que abrieran esas fosas, y que además las familias íbamos a entrar, mi derecho a la verdad y mi derecho a estar ahí presente, derecho como familia, derecho como madre, es el único derecho que me han dado, que me han reconocido.

Las fosas las descubrieron María y Amalia y luego de ahí me involucré al escuchar sobre las fosas, pero nadie puede entrar a ellas ni siquiera la UAEM, ni la familia de Oliver, con todo y lo que habían documentado y expuesto a los medios, nadie, así que nos organizamos y metí un recurso jurídico legal para que las familias pudieran acompañar y abrir las fosas.

Las autoridades ponían muchas piedras para que no se abrieran, decían que eran indigentes, que eran presos de Atlacholoaya entones yo dije –no, no puede haber tanta gente de ese lugar, yo siento que ahí puede estar alguno de nuestros familiares entonces hay que entrarle hay que investigar- y solo así, jurídicamente con el juez y que él diera el fallo para que las familias pudiéramos estar ahí y ejercer nuestro derecho.

Yo nunca pensé que Mireya estuviera en las fosas clandestinas de Tetelcingo, hasta que comencé a ver cómo uno a uno salían los cuerpos, lo dudé, por las fechas de algunos cuerpos femeninos, lo dudé, cada vez que emergía un cuerpo de ese hoyo donde mal los enterraron, sentía un gran temor y después un gran alivio, de que no fuera ella, mi hija, Mireya.

Estar dentro de las fosas era como un frío que te recorría por todo el cuerpo y ahí se instalaba, pero a la vez era se sentía como una satisfacción, a cada cuerpo que salía yo le decía “pronto vas a regresar a tu casa, pronto vas a regresar a tu casa”, incluso cuando salió Israel, no sabíamos que era él, pero cuando dijeron que traía una playera del cruz azul, le dije a una compañera “ah le iba al cruz azul”, pero yo aún no sabía qué tipo de playera era, yo me permitía hacer ese tipo de comentarios, porque es mucho el dolor, es un sentimiento encontrado, sientes una felicidad porque ya los estas sacando, pero te sientes triste por el estado en el que están, como van a regresar a sus casas, este es un pequeño fruto, ya estamos viendo los frutos de esas lucha de todas las familias que participaron ahí para sacar esos cuerpos, el ver la cara de la familia de Israel cuando al fin llegó a casa y pudieron velarlo, rezarle, despedirlo, eso me da cierta fe de seguir adelante; es padre pensar que estuve ahí, gracias a lo que se hizo, Israel pudo regresar a su casa, ellos ya tienen paz, esa paz que tantos queremos yo quiero esa paz, han pasado dos años que no sé de mi hija y pienso Dios mío si ya te la llevaste, ayúdame a encontrarla donde quiera que esté y como esté, ya sólo quiero eso, ya no quiero justicia porque esa se me va ir la vida pidiéndola y no la voy a tener.

Ya no se puede ser una, con la ausencia de un ser amado, cada noche pienso cómo y dónde estás, resiste Mireya, te voy a encontrar. Cada vez que voy a comer, pienso si ella ya comió, cada vez que veo una película me pregunto qué está viendo ella, cada vez que me peino o me arreglo para salir, pienso dónde y cómo está, cada diez de mayo, en mi cumpleaños, en el suyo, es como un vacío que esta dentro de ti todo el tiempo,

Dos años y tres meses que no está Mireya, y voy a seguir buscándola hasta que aparezca, he encontrado nuevas Tranquilinas en este camino. He encontrado Tranquilinas que no sabía que era, como la que ya no tiene miedo de salir a pelear, a buscar, ir al peligro, porque a las primeras dos brigadas que hemos ido, hemos corrido peligro y al no importarte que te pueden matar ahí, buscando a tu ser querido, el no importarte ya nada salvo encontrar a tu hija. Esa fortaleza que te da, el decir, “no, yo tengo que encontrar así no sea Mireya, es otro u otra hija que otra madre está buscando”, he hecho cosas que si no hubiera pasado, nunca me imaginé que iba a hacer.

En lo cotidiano, en el día a día, hora tras hora, ya nada es lo mismo, es como si estuvieras muerta en vida, cambia la percepción de la vida cotidiana en relación a mi otra hija Ángeles, pobrecita, si no sale con alguien o conmigo, no sale a la calle, ni a la tienda que está a dos casas, a la escuela la llevo, la traigo, en la tienda la tienen que estar viendo, yo siento que mi hija se siente en una jaula, pero pues l’a tengo que proteger, porque si a ella le pasa lo mismo, yo no sé qué voy a hacer, no voy a decir que me voy a morir ahora, porque si me muero, ¿quién las busca?. Tengo que estar bien para ellas, aunque a veces sí me peleo mucho con ella porque no entiende, a pesar de que su hermana no está, no entiende el peligro, como que no lo alcanza a entender y tiene 14 años, ella lo que quiere es salir, conocer, vivir.

Ya tendrá tiempo también, ya habrá un tiempo.

Y se compara, me dice; es que a Mireya ya la dejabas, pues sí hija pero no nos había pasado esto y mira con quién, le teníamos mucha confianza, él entraba a la casa, decían que se iban a casar, ahora sé que ser valiente no es lo mismo que vivir sin miedo, yo tengo terror de que le pase algo a mi otra hija, o a mis sobrinos, vivo con ese miedo constante, y cuando ella, Ángeles, se despierta llorando recordando a su hermana, ve su cama vacía, mi casa es un huevo, o sea muy pequeña y ver el espacio de ella, su cama, su ropa, sus cosas, es algo horrible algo que no se puede describir, como si ese vacío te tragará de a poco día a día.

Sin embargo, debemos organizar la desesperanza en voluntad, debemos ser menos egoístas y más colectivos, salir, organizarnos, exigir, si somos muchos gritando, buscando, cuidándonos, podemos cambiar algo, yo pienso, cada vez hay más desaparecidos, quién los está buscando.

Yo les diría a todos los que van a leer esto, que hay que salir, es el momento de salir, es el momento de despertar, de exigir, de pelear por nuestra familia, si ellos no lo hacen, nadie más lo va a hacer, y entre más seamos, y entre más se levante el pueblo, que escuchen el llamado, que respondan a la llamada de ser un grito más fuerte, tan fuerte, que haremos eco.