Por: Araceli Rodríguez

En memoria de Luis Ángel León Rodríguez

Cierto día de un mes de octubre, me sentí mal, un mareo sofocó mi respiración, fui al doctor. Me hizo análisis clínicos y me dijo: ¡Felicidades! Estás embarazada; me quedé pensativa, porque ya tenía a mis hijos Jovany y Martín, pero llegaba a ocupar mis entrañas un nuevo ser que le daría un cauce de responsabilidad a mi vida. También era la felicidad de que llegaba un bebé para que lo protegiera dentro de mi estómago y nada lo dañara. Fuiste creciendo en mi vientre, sentía el latido de tu corazoncito, tus movimientos como un frijolito que crecía día a día, viviste dentro de mí por nueve meses, hasta que un día llegó ese dolor que anunciaba tu arribo a este mundo.

El 9 de aLuis Ángel 1gosto de 1986 naciste tú, hijo mío, a las 12:45 am. El dolor que sentí fue muy fuerte pero inexplicable, fue hermoso escuchar el llanto que anunciaba tu llegada, eras tan pequeñito y frágil que yo te protegí porque te esperaba con mucho amor.

Pasaron los días, poco a poco ibas creciendo y yo siempre estaba ahí para ver tus risas, tus pucheros, te fui enseñando a comer, a caminar, te llevé a bautizar, hasta que fuiste un niño grande lleno de vida, de planes e ilusiones; a la edad de 3 años te lleve al kínder, cómo recuerdo tu llanto, me gritabas “mamita yo te quiero, no me dejes aquí”, te aferrabas a mi cuello con tus manitas, y yo me alejaba del kínder llorando también, me dolía dejarte triste, pero era parte de mi responsabilidad llevarte a la escuela, porque iniciabas el proceso que te llevaría a tener y conocer principios y valores; también te inscribí a karate, todas las tardes te llevaba a tu clase y a ti te gustaba mucho aprender, decías: “con mis golpes le pegaré a los ladrones y defenderé a la gente”. Cierto día, a los cuatro años, le pegaron a tu hermano Martín, tú dormías, escuchaste su llanto, te paraste y preguntaste qué había pasado, te dije: “le pegó Juan, le rasguñó la cara”, fue tanto tu enojo, que fuiste a reclamarle que no le volviera a hacer, fuiste su defensor. Y así pasó el tiempo, y tú creciendo, siendo un niño risueño y muy trabajador, veías que yo trabajaba mucho, porque fui tu mami y tu papi, y tenía la responsabilidad de darles lo necesario, me decías: “Mamita cuando yo sea policía, voy a darte dinero y ya no vas a trabajar”, tenías escasos 7 añitos, pero ya pensabas en ayudarme, yo traté de que cambiaras de opinión por lo peligroso que era, sólo respondías, “yo quiero ayudar a la gente y un policía ayuda y cuida a la gente, y yo eso seré, y a ti te cuidaré siempre, y a mis hermanitos también”. Cuando veías que llegaba un camión con material de construcción a una casa, ibas a tocar y les pedías que te dejaran ayudar a meter el material, llegabas conmigo y me entregabas el dinero que te habían pagado, diciéndome “ten, mami, tu gasto”, eras un niño muy responsable, a los nueve años ya me protegías y me dabas todo tu amor. Así fue pasando el tiempo, cursaste el kínder, primaria y secundaria, aprendiste el catecismo e hiciste tu primera comunión, y cuando te dije que te apuntaría en la preparatoria, me respondiste: “No madre, yo me iré a trabajar lavando carros con mi tío Enrique, y te ayudaré con el gasto de la casa”, me puse muy triste pero me dijiste: “Acepta mi decisión Araceli, me duele ver cuánto trabajas por sacarnos adelante, mi padre nos abandonó y tú no lo merecías”.

Recuerdo que también fuiste a trabajar en una construcción haciendo mezcla y cargando tabiques; regresaste a casa cansadísimo y con tus manos muy lastimadas e hinchadas, las tomé y me dolió mucho ver cómo las tenías, te dije: “báñate y te curo” y así lo hicimos, curamos juntos las heridas de tus manos.

Eras muy lindo y agradable de carácter, a toda la gente le caías muy bien por tu humildad y humanidad hacia todos, no te gustaba ver a la gente sufrir. Cumpliste 15 años y te hice un convivio donde estuviste feliz en compañía de la familia y amigos. Te gustaba mucho el pastel, recuerdo que tus amigos se vistieron de mujer y bailaron el vals contigo, con ese detalle reíste mucho.

Después empezaste a tener novia y rompías corazones por el carisma que tenías, hasta que te enamoraste de una mujer que no te supo valorar y te llenó de ilusiones sin cumplirlas. El fin de año de 2008 pusiste música en tu carro, ponías una y otra vez la canción Ojalá que te mueras de José José y llorabas como un niño al que le habían robado un juguete, fui a verte y te abrazaste a mí diciendo: “no puedo Má, me duele mucho, la amo y ya no me quiere”. Te abracé, limpié tus lagrimas y te reconforté diciéndote que el tiempo todo lo cura. Nos abrazamos muy fuerte y me dijiste: “gracias por ser mi amiga”.

A los 19 años trabajaste muy cerca de mí en la misma empresa, entonces siempre estábamos juntos, hasta que un día viste en la tele, que se estaba reclutando gente en la Policía Federal y me dijiste: “Voy a juntar mis documentos y me inscribiré, es mi oportunidad de ser policía”. Así lo hiciste y lo lograste, fuiste aceptado. Con 21 años conseguiste ser Policía Federal. Recuerdo tu convicción al portar el uniforme, qué responsabilidad sentías y cómo me contabas tus ganas de ir subiendo de nivel; lo fuiste logrando, MI SARGENTO 1ro.

Fuiste comisionado a varios estados por meses, hasta que el 13 de noviembre de 2009, me contaste: “Mami, tengo que hablar contigo, me iré de comisión a Ciudad Hidalgo, Michoacán, un jefe irá a ocupar la Secretaría de Seguridad Pública Municipal en esa entidad y escogió a seis elementos como escoltas, entre ellos, estoy yo”. Sentí un vacío en mi alma y mi respuesta fue que no quería que lo aceptaras, me dijiste: “Mira mami, estaré comisionado en Ciudad Hidalgo, sin dejar de pertenecer a las Fuerzas Federales, y ganaré más dinero, ya me dijo el jefe Juan Carlos, quien ocupará el cargo de Director de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal, en Ciudad Hidalgo, Michoacán, que me dejará estudiar y entraré a la prepa ya tengo mi carro, lo estoy pagando, además, yo quiero tenerte como Mi Reina, tramité mi crédito de Fovisste y están a punto de entregarme tu casita, porque será tuya y te la quiero amueblar, mira mami, te amo, no te pongas triste, quiero que sepas que ya no quiero que trabajes, ya trabajaste mucho, ahora me toca a mí tenerte como Reina”. Yo te dije: “No quiero nada, te quiero a ti conmigo, ese lugar he visto en la tele que está muy peligroso y tengo miedo”. Me respondiste: “Ya está mami, he decidido ir a trabajar y yo vendré a verte cuando pueda tenerte conmigo, te pediré que vayas a Michoacán a verme”. Así, el domingo 15 de noviembre de 2009, estuvimos en familia, comimos juntos, me pediste que te hiciera milanesas de res y papas a la francesa, estuvimos muy contentos.

En una plática te pregunté si los iban a llevar, me respondiste “no, mami, que nos vayamos por nuestros propios medios; pero ya nos pusimos de acuerdo con mis compañeros, y ya le dije a mi amigo Sergio, él nos llevará en su camioneta, nos deja y se regresa el mismo día, porque llevamos nuestra arma de cargo y en transporte público no la podemos llevar”. Te cuestioné el motivo por el que no los llevarían y no me diste respuesta.

Ya por la noche me pediste ayuda para arreglar tus maletas, nos pusimos a llenarlas; veías tu ropa y te la ponías, te mirabas en el espejo y nos preguntabas a tu hermana Gaby y a mí “¿cómo me veo?”, te decíamos que muy guapo y sonreías. Así terminamos de arreglar tus maletas, platicamos y mientras tomabas tu leche con tu concha de chocolate, me dijiste que te ibas a dormir, te contesté: “sí hijo, descansa”.

El lunes 16 de noviembre, me levanté para irme a trabajar a las 6 am., ya estando lista, te desperté y te dije, “hijo, Luis, ya me voy”. Despertaste muy sonriente y dijiste: “ya está mami, te amo, cuídate mucho, nos hablamos”. Te contesté: “te amo, Dios te cuide y proteja tu camino, hijo, al ratito te marco”. Cuando ya me iba saliendo me gritaste “¡Má, ven!”, me regresé y sonriendo me dijiste: “mi vieja, te amo, dame un beso aquí”, señalándome tu frente, me agaché y te lo di, nos reímos y me salí a trabajar.

Como a las 10:30 am. te hablé por teléfono y pregunté cómo iban, “ya voy de salida mami, con mis compañeros, llegando allá te marco”. Te dije que no se te olvidara mandarme con Sergio los números telefónicos de tus compañeros, para que si de pronto no me contestabas, hablar con ellos, y saber que estás bien, tú me dijiste: “sí, no te preocupes”. Esa fue la última vez que escuche tu voz.

Alrededor de las 3 de la tarde del mismo día, me empezó a marcar la familia preguntándome si Luis se había ido a la comisión, intentaban marcarle pero mandaba a buzón, al principio pensé que quizás no había señal. Pero de pronto sentí un escalofrió en mi cuerpo y le empecé a marcar a su teléfono, me mandaba a buzón. Así fue toda la tarde y noche. Le seguía marcando y no tuve respuesta, amaneció el 17 de noviembre y me fui a trabajar con la preocupación, pero yo misma me calmaba pensando que no había señal. Como a medio día, me hablan de mi casa y me dicen “oye, vino Maribel, la esposa de Sergio, a preguntar si sabes algo, porque Sergio no contesta el teléfono, la manda a buzón”, le dije, “¡¿Queee…, no llegó Sergio?!”, y me contestó que no, le dije que quizá no había señal, que tal vez no se pudo venir y en el transcurso del día llegue, pero mi cuerpo se estremeció y empecé a ponerme muy triste, ya no tuve calma.

Salí de trabajar a las 3 pm., llegué a mi casa como a las 4:30 pm. y en seguida llegó Maribel, la esposa de Sergio, y me dijo, “Ara, ¿qué pasó, no te ha hablado el güerito?” -porque así le decía a Luis Ángel-, y le dije “no, sabes ya estoy muy preocupada, pero vamos a esperar, ojalá ya pronto llegue Sergio”. Mary me dijo, “sí, Ara, primero Dios, están bien, estamos en contacto, estamos a dos cuadras, cualquier cosa nos avisamos”, pero algo me decía que estaba mal, las lágrimas salieron de mis ojos con mucha tristeza y empecé a sentir un vacío en mi alma, inexplicable. Así pasaron lunes, martes, miércoles; y mi familia, mis hijos, la familia de Sergio y yo nos cuestionábamos qué hacer. Me habló mi hijo Martín que trabajaba en Torreón: “Má, mi hermano no contesta, estoy muy preocupado”. Me puse a llorar, y le dije “Martincito hay que ir a Fuerzas Federales, a preguntar”, pero cuando ya íbamos a ir, habla Martín y me dice: “estoy aquí afuera de Policía Federal y me dicen que no hay alerta roja, que esperemos a que nos hable”.

Fue tanta la preocupación por su hermano, que dejó su trabajo y se vino en avión para ver qué pasaba con Luis. Ya era mucha incertidumbre en la familia, mucha desesperación y como mi hijo Jovany, que también es Policía Federal, estaba trabajando en otra parte, me habló y me dijo: “ya basta, ahorita llego y vamos a Policía Federal a exigir saber de mi hermano”.

Era viernes 20 de noviembre por la noche, llegamos a Fuerzas Federales alrededor de las 9 pm. y fuimos al agrupamiento a donde pertenecía Luis Ángel. Jovany empezó a preguntar a algunos compañeros si sabían algo de su hermano y ellos contestaban que no, él les contaba cómo había sido que dejó de contestar. Los mismos compañeros empezaron a marcar a los otros policías que iban con mi hijo, sin obtener respuesta, todos los teléfonos mandaban al buzón. Peor fue mi desesperación, hasta que un comandante, no recuerdo su nombre, me dijo: “vengan mañana sábado por la mañana, para que exijan saber de los compañeros”.

Así lo hicimos, Jovany empezó a pedir que le dijeran dónde estaba su hermano, hasta que encontró al comandante que estaba a cargo del agrupamiento al que pertenecía Luis Ángel, 21 Agrupamiento de Ray, y le dijo: “mi comandante, buenos días, usted sabe algo de mi hermano, desde el lunes que se fue no sabemos de él”; el comandante, muy molesto le contestó: “¿Así te presentas ante un General, con las manos en las bolsas?”; Jovany estaba muy triste por la ausencia de su hermano y no iba uniformado, “con todo respeto, mi jefe, no vengo uniformado, haga algo por saber de mi hermano, mi madre está muy desesperada, porque no sabe nada de él”. El comandante, muy molesto le dijo que él se lo advirtió, que no quería que se fuera a esa comisión. Le pidió a Jovany que hiciera un oficio para indagar el paradero de su hermano, él lo redactó y ahí le hizo la petición al Coordinador de Fuerzas Federales para que ordenara la búsqueda de mi hijo, sus compañeros y el civil Sergio Santoyo. Mientras tanto, un Policía Federal que veía mi desesperación, y la de mi familia, me dijo que fuera a la oficina del Coordinador, íbamos las dos tías de Luis y yo, en la oficina pedí a una secretaria hablar con el Coordinador y me dijo que no estaba pero sí su secretario particular, pedí hablar con él y me preguntó datos como mi nombre y un número telefónico, se lo dí y entró a avisar,  cuando salió la secretaria me dijo: “está ocupado, no las puede recibir”, le pedí el nombre del secretario, después salió el señor y me dijo que quién era yo para pedir su nombre, y ordenó llamar a tres femeniles, les dio la orden diciendo: “saquen a esta gente a la calle, ¿cómo entraron? ¿quién las dejó pasar?”.

Cuando yo escuché que me iban a sacar corrí a esconderme detrás de una barda para que no lo hicieran pero me buscaron hasta encontrarme, y yo les decía, “por favor, no me saquen, solo quiero saber dónde está mi hijo”, en eso venían mis dos hijos Jovany y Martín, vieron que me resistía a subir a la patrulla y corrieron hacia a mí y me preguntaron qué había pasado, “el secretario me mando sacar en patrulla a la calle”, y Jovany le decía con su voz cortada por el llanto, “no jefe, no la saquen estamos buscando a mi hermano”, la respuesta fue: “lo siento, son ordenes y, además, aquí no se entra así, se sacan citas”. Me subieron a la patrulla y llorando les grité: “Dios los perdone, porque son injustos, yo sólo quiero saber de mi hijo”. Antes de salir a la calle estaba una oficina, ahí estaban las dos tías de mi hijo, llorando también ante un comandante; cuando entré a la oficina, me voltearon a ver y le dijeron “ella es la mamá de mi sobrino”, yo le dije al comandante “sólo queremos saber de mi hijo”, se me quedó mirando muy admirado y me respondió: “por favor, siéntese, ¿quiere agua? Ahorita mismo vemos que está pasando”. Hizo una llamada y después nos dijo: “váyanse a su casa, yo ya tengo datos de ustedes, les llamamos en un rato. No hay ningún informe de alerta roja, vamos a ver dónde está el compañero”.

Nos salimos, y cuando ya estábamos en el carro entró una llamada a mi celular, era el secretario particular pidiéndome disculpas diciendo que no sabía a qué veníamos. Le respondí que cómo iba a saber si no me permitió que le dijera por qué estaba ahí y me dijo: “ya di instrucciones a comandantes de Michoacán para que empiecen a preguntar en la comandancia municipal por los muchachos y, por favor, discúlpeme, se lo ruego”, me puse a llorar y le dije, “usted no sabe los minutos, horas y días de incertidumbre, sin saber de mi muchachito, ¿dónde está?, ¡dígame!” y me dijo, “me voy a mantener en contacto con usted”.

El mismo sábado 21 de noviembre como a las 8 pm., sonó el teléfono de mi casa y se escuchó una voz que dijo: “soy el Maestro Roberto Cruz Aguilar, de Policía Federal, hablo para saber, ¿por qué no se ha presentado a trabajar el elemento Luis Ángel León Rodríguez?”, y le contesté, “¿cómo que no se ha presentado? si mi hijo se fue de Comisión”. Se cortó la llamada, como a los cinco minutos volvió a sonar el teléfono, contesté y era el mismo señor, “soy el Maestro Roberto Cruz Aguilar, de Policía Federal y le pido que esté el lunes 23 de noviembre a las 9 am en Fuerzas Federales, tráigase unas dos mudas de ropa porque vamos a salir a Michoacán a levantar la denuncia por desaparición del elemento Luis Ángel León Rodríguez”. Le respondí, “¿cómo que mi hijo está desaparecido?”, me dijo que me esparaban y colgó en ese momento. Sentía que moría de dolor, tenía la esperanza de que me dijeran que mi hijo estaba bien. Y así empezó el viacrucis.

El 24 de noviembre, tuve que levantar una denuncia por la desaparición de mi hijo, un Policía Federal, que solo iba a proteger y servir a la comunidad. Empezó la investigación, tuve que enfrentarme a la cruel realidad, me dijeron que mi hijo se había ido desacatando una orden, aún cuando tenía un oficio de comisión que amparaba su partida; me enfrenté a que encontraran cuerpos en el estado de México y les pusieron su nombre, apellido y hasta la edad, sin estar seguros de que realmente eran los Federales Desaparecidos; así transcurrieron, noviembre, diciembre y enero.

En febrero del 2010, por investigación,detuvieron a personas del crimen organizado pertenecientes a la “Familia Michoacana”, entre esas personas, al Director de Seguridad Pública Municipal de Aporo Michoacán, y declararon haber participado en el secuestro y desaparición de 7 Policías Federales y un Civil, el 16 de noviembre de 2009.

Recuerdo que yo estaba en mi trabajo y leía el periódico y, al ver la noticia rompí en llanto y les pedí a mis jefes permiso para ir a la Procuraduría a enseñarles la nota, en verdad, no sé de dónde he sacado fuerzas con tanto dolor.

El 13 de febrero de 2010, el día más oscuro de mi vida, hubo una reunión en Fuerzas Federales, con altos mandos quienes llevaban la investigación, estuvimos ocho familias unidas por el mismo dolor: la incertidumbre de nuestros seres queridos desaparecidos. Nos empezaron a narrar lo que los detenidos declaraban.

La voz, las palabras del comandante que narraba los hechos fueron como hierros candentes en mis oídos, mente, alma y mi corazón.

Nos dijo: “Los secuestraron porque se identificaron en la caseta para no pagarla, por $3000 pesos los mataron”, y le grité “¿cómo que los mataron?”, oyendo el llanto de los familiares dijo: “sí, ¿ustedes quieren saber cómo fueron los hechos?. No les dieron un balazo en la cabeza, consiguieron llantas, sosa, acido y sierras. Los descuartizaron y los quemaron. Es muy difícil esto que les digo, pero es la verdad. Están muertos, pero jamás habrá cuerpos”; sentí un sudor frío que recorrió mi cuerpo, sentía que mis pies no pisaban la tierra. Me salí de ese salón, alcé mis ojos al cielo y grité: “¿por qué Dios mío te vendaste los ojos para no ver lo que le hacían a mi muchachito?, ¿por qué lo permitiste?”, me caí al suelo pues mis piernas ya no tuvieron fuerzas. De pronto me limpié las lagrimas y le grité a mi Luis Ángel: “¡Te prometo hijo, que haré retumbar tu nombre en todo el mundo! Limpiaré tu memoria porque tú eres mi SARGENTO PRIMERO, estamos unidos por el cordón umbilical; ¡tú y yo caminaremos juntos!, tú me abres los caminos, yo entro a buscar la verdad, con justicia para ti; ¿Por qué? ¿porque, te hicieron esto?”.

Así pasaron meses y meses de investigación, detuvieron a más gente de la Familia Michoacana y también participantes en la desaparición de mi hijo, me informó la PGR que también declararon lo mismo; le pedí al Ministerio Público entrevistarme con los detenidos, aceptaron dicha petición.

Fue muy difícil tener frente a mí a quien me arrebató a mi hijo, pero tenía fe en que me dijeran que no era verdad que los habían matado.

-Buenas tardes ¿ustedes, participaron en la desaparición de los Federales?

Uno de ellos, sin alzar la cara, me dijo: “¿quién es usted?”

-Levanta la cara, para que sepas quien soy yo –era un chico, como de 25 años–, soy la mamá de Luis Ángel uno de los Policías Federales que secuestraste, ¿dónde esta mi hijo?.

Se le escurrieron las lágrimas

-Perdóneme señora por el dolor que le causé.

-Por favor, dime ¿dónde está mi hijo?

-Es que no quedó nada porque los quemamos.

Respiré profundo y pregunté:

-¿Dónde fue ese lugar?

-Ya les dije a los jefes dónde

-¿Algo que haya quedado? Ayúdame a tener paz y que mi hijo tenga paz, quiero aunque sea un pedacito de él.

-Sólo había como cebo…

-¿Cuántos días los tuvieron?

-El mismo día los ejecutamos, 16 de noviembre por la noche, y sabe señora, estoy arrepentido, quiero su perdón.

Y le dije, temblando de dolor:

-Debería odiarte, pero en mi corazón no cabe el odio. Mi hijo tenía planes, ilusiones y él trabajaba para ganar dinero dignamente. Tú matas para tener dinero sucio, ¿cuánto te pagaron por esta atrocidad?

– Tres mil pesos

Escuché que le dijo a una licenciada que estaba por ahí:

-Me duele mucho mi ojo, deme una pastilla, licenciada.

Le respondió “sí, ahorita”, me quedé viendo y le dije:

–¿Te duele mucho?

–Sí

Abrí mi bolsa y saque una pastilla de Diclofenaco, y se la di.

–Toma, mitiga tu dolor en nombre de Luis Ángel, por el gran dolor que le causaste a él –y pedí al licenciado, por favor, que se los llevaran; estallé en llanto, era mucho dolor, porque yo tenía la esperanza de que dijeran dónde estaba el cuerpo de mi hijo y sus compañeros para darles cristiana sepultura y tener un lugar donde venerarlos, pero no fue así, y han ido pasando los meses con la ausencia de Luis Ángel, la incertidumbre que me consume cada día, sin saber donde está mi hijo.

He ido a lagunas, a cerros, a buscar con autoridades al lugar donde declaran que fueron los hechos y no hay nada, únicamente la desolación de la tarde nublada y un aire tenebroso que cala los huesos porque anuncia que ahí paso algo muy cruel. Con perros preparados y con peritos, he recorrido un cerro, visité un hoyo grande en el cerro “La coyota”, en Michoacán, donde dicen fueron enterrados sus restos; pero el tiempo, la intemperie y la lluvia se han llevado lo que quedó, no hay nada. Ahí, en ese lugar, hice una cruz con baritas que recogí del piso y escribí en una hoja unas palabras para mi hijo:

Hijo, este fue el último lugar que quizá pisaste, y digo quizá, porque aunque mis oídos escuchen que te destrozaron, yo seguiré buscando incansablemente hasta encontrarte. Mi fe es tan grande… ¿cuándo? no sé, pero algún día nos volveremos a encontrar y ya nadie nos separará.

Después de caminar un año seis meses buscando la verdad de su desaparición, sola, porque por levantar la voz y exigir justicia empezaron a llegar amenazas: Que ya dejara de buscar, advertían un secuestro, llamadas telefónicas donde decían que me coserían la boca por hablar. Las familias de los Policías ya no hicieron nada, dejaron la investigación, por temor a las amenazas. Hasta la propia familia se alejo por temor, los amigos se esfumaron también por miedo, lo cual es muy respetable, pero yo tan sólo de imaginar a mi hijo sufriendo de hambre, de frío, de cansancio me preguntaba llorando, si estaba vivo ¿qué le están haciendo?, si está muerto, ¿dónde está?. Lo tengo que encontrar y si hay amenazas es porque a alguien estoy incomodando.

Me armé de valor y seguí adelante diciéndole a mi hijo: “Luis, seguiré, no puedo dejarte perdido, tengo que encontrarte a ti, a Sergio y a tus compañeros, sólo les pido, denme fuerzas para seguir, denme una señal para mi lucha por ustedes”. De pronto, viendo la televisión, daban la trágica noticia que habían asesinado al hijo del escritor Javier Sicilia, la gente se empezó a unir al poeta pidiendo justicia, pasaron los días y se realizó la primera marcha el día 8 de mayo de 2011, de Cuernavaca a México, la encabezaba el poeta Javier Sicilia. En esta marcha me uní al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad.

He participado en los diálogos por la paz ante el Gobierno Federal, las Mesas de Trabajo, en los Diálogos con el Legislativo, en el Senado de la República y en la Cámara de Diputados para que aprobaran la Ley General de Víctimas, y en todo lo que he podido apoyar. En el Movimiento por la Paz armamos comisiones para poder ayudar a las víctimas y que se sientan protegidas. Me integré a la Comisión de Seguimiento y Acompañamiento a Víctimas, decidí encontrar el sinsentido de mi vida, dando sentido a la vida de otras personas, abrazando y escuchando a la gente que, como yo, está viviendo en carne propia el dolor a cada instante.

Sin título, Chihuahua 2006, de la serie “Desaparecidas. Maya Goded

Sin título, Chihuahua 2006, de la serie “Desaparecidas. Maya Goded

 

Y de pronto un día se organiza la caravana por la paz a Estados Unidos, el Movimiento Por La Paz cruzaría fronteras visibilizando la barbarie que se vivía en México. Tuve que hacer los trámites para mis documentos de pasaporte y visa, pero tampoco estuve sola, Patricia Colchero, un gran ser humano, me apoyó mucho tramitando mis citas y, además, pagando mi pasaporte porque yo no tenía dinero. Una vez más, vislumbraba que lo prometido a mi hijo Luis Ángel, se seguía cumpliendo, cruzaría fronteras, haría retumbar su nombre en varios estados americanos. Así llegó el 11 de agosto de 2012, logré cruzar fronteras, subir a un avión; era mucho temor, me daba miedo sentirme en lo alto. Decidí dormirme en lo que llegábamos al aeropuerto de Tijuana, de pronto sentí una caricia en mi hombro, abrí mis ojos y era la imagen sonriente de mi hijo Luis, duró muy poco pero me dejó con una paz inmensa y perdí el miedo al vuelo. Llegamos al aeropuerto de Tijuana, de ahí nos llevaron a la casa del migrante a pasar la tarde con ellos para posteriormente salir rumbo a la garita donde pasamos a San Diego; yo calzaba unos tenis, los últimos que Luis me había comprado, y desde que inicie su búsqueda siempre los traía, y me dije “cuando logre cruzar fronteras gritando que mi hijo está desaparecido, que el Gobierno de México me lo arrebató llevaré estos tenis y ahí los dejaré”, y así fue. De la caravana fui la primera en cruzar la línea de Tijuana a San Diego, lágrimas salían de mis ojos, por medio del Movimiento Por La Paz le cumplía la promesa que hice a Luis; siempre estuvieron muy al pendiente cuidándome Roberto, Brisa, Eli, Miguel, y José Luis, quienes eran personas solidarias al Movimiento por la Paz. Estuve en eventos que jamás imaginé, escuché relatos de víctimas de Estados Unidos y nos abrazamos uniendo nuestros corazones y salpicándonos con lágrimas que salían de nuestros ojos por el dolor de lo que vivíamos, pero también estaban los recibimientos que nos daban a todos mis compañeros y compañeras caravaneras, era hermoso escuchar canciones de mariachi recibiéndonos, sentir la solidaridad de quienes nos decían “no están solos”, era alentador. Estando en Texas me dijeron que ahí hay una de tantas armerías donde venden armas como si fuera pan caliente, ¿quieres ir con Javier Sicilia a visitar una?, y sin pensarlo contesté “sí, claro ¡vamos!”. Llegamos y, efectivamente, las armas se vendían sin ningún control, sólo pedían una credencial cualquiera; vi como vendían a mamás con bebés en carreola que iban a comprar armas muy contentas. Me causaba un gran impacto doloroso, las armas que vendían en Estados Unidos estaban matando a las personas en México, llegaban a manos de los cárteles y al pelear sus territorios se hacían fuegos cruzados y se perdían vidas inocentes. Decidimos romper, desbaratar, un arma de alto poder en un acto simbólico para que esa arma ya no dañara más vidas.

También estuve en Baltimore donde sentí una profunda tristeza al darme cuenta que estaba lejísimos de mi familia y que los extrañaba mucho, que por la necesidad de encontrar a Luis no me daba cuenta que mis otros hijos me necesitaban, y que también me alejaba de mi pareja de vida José Luis, yo misma los desaparecía de mi vida. Estuve en los Capitolios, en el Departamento de Estado en Washington dando mi testimonio, en New York decidí cruzar caminando por el puente Brooklyn con varios de mis compañeros para llegar a una reunión, el Capitolio fue una experiencia maravillosa; el dolor y la exigencia de justicia también me llevaron a ver lugares hermosos como la Estatua de la Libertad, era difícil la convivencia entre nosotros y nosotras, las víctimas teníamos diferencias por pensares distintos, pero era parte del cansancio, agotamiento y dolor que traíamos cargando. Así llegó el final de la Caravana del Consuelo, regresamos a México, sabíamos que teníamos que continuar aún con la indiferencia y la simulación del Gobierno, no podíamos vencernos.

Yo por mi parte, nunca he dejado de buscar indicios que me lleven a encontrar lo que busco. El Gobierno me robó a siete policías federales y a Sergio, el civil que los apoyó en su ida a la Comisión, por eso, he participado en talleres de derechos humanos y Diplomados de transformación de conflictos y paz, para adquirir herramientas que me ayuden a aprender a enseñar a otras personas que pasan por lo mismo que yo he pasado, que sea más leve su dolor, y que aprendan a defender sus derechos. Después de un tiempo, tuve la oportunidad de volver a Estados Unidos, a Denver, pero ahora a una Conferencia de legalización de drogas, todo está ligado las drogas, las armas, la delincuencia organizada; juegan un papel importante en los asesinatos, desapariciones, la trata de personas, el lavado de dinero, el tráfico de órganos, el desplazamiento forzado, la migración… la descomposición del tejido social se da por la marginación y pobreza.

Mi participación fue en paneles junto a otras familias, dando nuestros testimonios. Fueron tres días ahí. Después, fui a una gira con Laura Carsen por varios Estados como Santa Fe, Arizona, Tres Cruces, Nuevo México, entre otros lugares; ahí estuve en varias Universidades dando mi testimonio y escuchando también testimonios de estudiantes desplazados de México que tuvieron que cruzar fronteras porque la delincuencia había matado y secuestrado a sus familiares, verlos llorar era horrible, me llenaba de tristeza; ahora me tocaba a mí abrazar su dolor y decirles que no están solos. Así fueron 15 días, en algún momento también tuve la oportunidad de ver los árboles que cambian de color sus hojas y conocer las Montañas de Denver, tocar la nieve, conocerla, caminar en ella fue una experiencia maravillosa.

Así han pasado mis días en el estire y afloje, en la agonía por la ausencia de mi hijo Luis Ángel pero con la firmeza de seguir adelante sorteando los obstáculos que he tenido en el camino, en la búsqueda de la verdad y justicia.

Hasta el día de hoy, hay 34 personas detenidas de un cártel, siguen las investigaciones, vienen algunas sentencias de victimarios y, yo exigiéndole a las autoridades las diligencias pertinentes al lugar de los hechos, ya que aún no se ha dado una adecuada búsqueda en el cerro donde refieren fueron ejecutados siete policías federales y un civil desaparecidos el 16 de noviembre de 2009 en Zitácuaro Michoacán.

Porque con todo lo que yo recorrí aprendí a defender mis derechos y ahora enseño a la gente a exigir los suyos, les acompaño dando seguimiento a sus casos en las diferentes instituciones. Me gusta porque me doy cuenta de que eso me da energía y un cauce a mi vida.

Con la desaparición de Luis Ángel se vino un proceso de trámites jurídicos ya que él tenía derecho a sus salarios, pero, como estaba desaparecido hasta que no se definiera su situación jurídica me podían hacer llegar sus pagos, las familias nos aferramos a que ellos fueron comisionados, por lo tanto, no tenían porque suspender sus salarios. Después de un año seis meses logramos que hubiera una ley del ISSSTE, para que los Servidores Públicos que desaparecieran en cumplimiento de su deber, después de tener una averiguación previa y que sea manifestado que la delincuencia organizada haya intervenido en su desaparición, su familia seguirá cobrando los salarios del trabajador hasta que se definiera su situación jurídica. Me dieron apoyos económicos por parte de la Policía Federal, me pagaron los salarios caídos de mi hijo, pero para recuperar sus bienes tuve que enfrentarme al doloroso proceso de hacer los trámites de presunción de muerte de Luis Ángel ya que hay delincuentes detenidos que declararon la ejecución de mi hijo.

En México la desaparición no es un delito porque no está tipificado, y bueno, fue muy difícil hacer los trámites, pero ya tuve muy de cerca la gran ayuda del Movimiento por la Paz, ya no me sentí sola, tengo una nueva familia. La unión hace la fuerza, somos hermanos del dolor, nos une la ausencia de nuestros seres queridos, y queremos la Paz con Justicia y Dignidad.