que el dolor no me sea indiferente (…)

que lo injusto no me sea indiferente (…)

Si un  traidor puede más que unos cuantos,

que esos cuantos no lo olviden fácilmente. 

León Gieco

Por: Torres Pacheco Benus Rey, López Soto Isela.

No son míos, pero no debo esperar a que lo sean, para que tenga que buscarlos; olvidemos nuestras leyes por un momento y apostemos por las sensaciones que todo ser humano tiene, aun cuando algunos traten de evitar. No quiero esperar a perder a una hija, un hermano, un amigo o un vecino para apoyar la búsqueda de quien en estos momentos que tú estás leyendo ha perdido a un ser querido, debemos tener esa unión nata que ante toda desgracia nos ha permitido salir adelante ante cualquier adversidad, no quiero esperar a que en cada casa sucedan perdidas tan dolosas para unirme en conjunto a toda la sociedad, luchemos por respirar tranquilos cada noche al saber que estamos recuperando la seguridad en nosotros mismos y que paulatinamente estará en todo nuestro entorno, lo que nos permitirá retomar nuestras calles y los espacios que siempre han sido de todos y que por desgracia ahora no es así. Quiero sentirme seguro de ser parte de una sociedad que busca la tranquilidad de todos y que fomenta la paz como camino para un bienestar común, pero no como palabra, nuestra lucha debe estar plagada de acciones positivas que creen la necesidad de vivir con la esperanza a flor de piel y que se cumpla día a día en nuestro ir y venir a nuestros empleos, centros de diversión, hogares, escuelas; volviendo a confiar en quien vela por nuestra seguridad por que han sido elegidos por nosotros mismos para que puedan ayudarnos a crecer como seres humanos, no olvidemos que todos nos necesitamos y que todas estas desapariciones y muertes sin sentido han sido realizadas en un manto negro de ilegalidad.

Una vez que ocurren hechos que lamentamos, ¿que es lo que realmente llegamos a sentir? esto que leerás a continuación son relatos de seres humanos en busca de aprender a dar ideas para un mundo mejor que el actual, donde solo se externan opiniones de lo que se ve y no se sesga a lo que diga ningún participante en este ir y venir de acusaciones donde lo que realmente debe importar son las acciones de dar una buena sepultura e informar a los familiares, hecho indescriptible en lo que se volvió el inhumano caso de las fosas comunes de Tetelcingo, Morelos.

Isela: Experimenté varios sentimientos de dolor, al pensar en los cadáveres que estaban ahí, porque pensé que ya aun sin vida todos merecen un mejor trato y no ser tratados como basura que nadie reclame o busque, pensé en el dolor de las familias que en una búsqueda incansable no se permiten la idea de olvidarlos y la angustia de no saber dónde están porque el dolor de una perdida es mitigable en muy bajo espectro al saber que está en un espacio donde aún sin vida lo puedo visitar, mientras que la incertidumbre es mucho más desgastante y dolorosa, ya que te aferras a una esperanza que al grito del silencio de saber dar por muerto a un familiar.  Pude observar el sufrimiento de las familias, algo frustrante por que no sabes cómo ayudar y no solo dar consuelo al haber escuchado ya tantas palabras que nunca llenaran el gran vacío de sus almas. Dentro de este suceso no puedo evitar sentir coraje al ver como algunos personajes de nuestro gobierno, a quien aparentemente no les importa el dolor que esas familias sufren en la búsqueda continua e infinita de sus seres queridos y que en cambio prefieran protagonizar un espectáculo de muy baja calidad humana al no aceptar los errores cometidos y tratar esta desgracia humana como un trampolín político, con lo anterior comentado no quiero dar por hecho que todos hagan las cosas mal, puedo decir que viví el apoyo a familiares de desaparecidos a periodistas, al mismo personal gubernamental en una ola de calidad humana donde todos en algún momento requirieron desde una simple botella de agua, una escalera o un espacio para estar atento a los acontecimientos o simplemente no limitar el acceso a el lugar, donde sin prepotencia daban el cumplimiento a su deber y con gran relevancia el hecho de aportar económica y moralmente un soporte a los familiares de los desaparecidos.

Al final lo que me resta pedir es hacer una oración por los que ya no están, por los que aún no se encuentran, por sus familias, por los del trabajo arduo y rudo, para pedir que nunca endurezcan su corazón, por nuestras autoridades y principalmente porque algún día próximo logremos tomar el valor para quitar el pie opresor de nuestras gargantas y lograr gritar hasta que se reconozca la existencia de un poder que nos pertenece desde siempre.

Es indudable que el dolor humano siempre será prioridad, en ocasiones solemos preguntar porque debemos esperar a que sucedan desgracias, ¿acaso estamos poniendo a prueba nuestro umbral del dolor físico y el del alma? Es por demás vivir en el ocaso de nuestra esperanza; aun con la ilusión de que todo puede cambiar, debemos ser conscientes de que nuestra naturaleza no es de asesinos y si olvidar que en el fondo nuestra violencia siempre será mayor que nuestra benevolencia, nuestras acciones nos han demostrado que juntos podemos salir ante cualquier obstáculo que obstruya nuestro camino, aun cuando sin duda el miedo a hablar o actuar cohíbe nuestra grandeza espiritual, la que nos permitirá sobresalir a la angustia que vive en muchos de nosotros por la inseguridad o la violencia latente a nuestro alrededor. A gritos desde nuestro interior debemos despertar a lo que algunos consideren una utopía.

Demostremos que lograremos convivir en paz no como un sueño, hagamos realidad la sensación de seguridad que nos permita vivir a toda familia por igual con la certeza de que nunca más habrá una desaparición más.

Collage fotográfico de los autores

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